23 AÑOS DE "EXCELENCIA ACADÉMICA"

23 AÑOS DE "EXCELENCIA ACADÉMICA"
Con un firme modelo educativo constructivista-humanista, el Instituto Universitario Carl Rogers, IUCR, nace en el año de 1994, bajo el nombre de “Centro Universitario de Puebla”, Actualmente "INSTITUTO UNIVERSITARIO CARL ROGERS" con el objetivo de difundir los conocimientos y vivencias de la psicología, psicopedagogia y psicoterapia humanista, creando a su vez programas, proyectos de crecimiento y desarrollo del potencial humano. LÍDER NACIONAL EN PSICOLOGÍA, PSICOPEDAGOGÍA, COMPORTAMIENTO Y DESARROLLO HUMANO EN LAS ORGANIZACIONES quieres saber más... visita nuestro web site www.unicarlrogers.com.mx

viernes, 11 de agosto de 2017

El mago de la calle Bruck

El mago de la calle Bruck
Por: Nancy Barranco Pomposo
                Cuarto lugar "Cuéntanos tu cuento 2017"

Cuenta la historia que hace ya 300 años existió un hombre cuyo nombre fue Tomas, mejor conocido como “El mago de la calle Bruck”.

     Aquel mago juraba ser el único que a través de los sueños podía conocer el mundo de verdad, y conocer la realidad que había en todos los objetos. Él tan solo vivía en un pueblo llamado Ribabandopia con menos de 50 habitantes, cuya única profesión era ser leñadores, se llevaba un ritmo de vida tan acelerado que todo aquello que representara diversión era tan solo algo aburrido, lo único que diferenciaba al pueblo del resto, era que solo podían ver a blanco y negro, ¡NADA! ¡NINGÚN OBJETO! Poseía color, ni siquiera el cielo, ni el color de las manzanas, es más, el amanecer dejaba de ser algo tan hermoso como los demás lo conocía.

     La historia comienza cuando Tomas era apenas un niño, posiblemente 6 o 5 años, a él le gustaba acompañar a su padre leñador a los bosques en busca de los arboles más grandes y fuertes para cortar y leñar.

     - Padre ¿Disfrutas de matar a tantos árboles?- Dijo Tomas.
     - ¡VAYA! Tú sí que eres raro. Dijo su padre con tono burlón.

     A Tomas no le gustaba ver tantos arboles caer, sin embargo le daba curiosidad conocer las hojas que se encontraban en la copa de los árboles y solo por eso siempre muy alegre seguía a todas partes a su padre. Tomas realizó una colección de hojas de árboles en un álbum que con mucho celo resguardaba ¡HABÍA DE TODO! Hojas de árbol palo blanco, guayacán, algarrobo y todos aquellos árboles que significaran un conocimiento para Tomas, solo existía un problema… Que él no se sentía satisfecho con eso, necesitaba más conocimiento sobre ellos por ejemplo que colores eran los que tenían las hojas. Ese día Tomas decidió adentrarse más al bosque para indagar que había más en el oscuro bosque.

     Tomas comenzó a caminar sin rumbo fijo, mientras su padre distraído cortaba más árboles, camino y camino… hasta que la noche cayó sobre él y lo único que podía alcanzar a ver a lo lejos era una casa, parecía deshabitada.

     - Uf, creo que me he perdido, no había venido hacia este lado del bosque- Dijo con tono muy preocupado.

     Cansado de caminar, decidió acercarse a la casa y toco una vez, y lo único que escuchaba era un murmullo, toco dos veces y la risa se hacía más fuerte, toco tres veces y una voz con tono fuerte contesto:

     -¿Quién pretende molestarme en mi casa?- Dijo aquella voz
     -Am, parece que me he perdido ¿podría darme asilo? -Contesto Tomas
     -Has descubierto la fórmula para agradar a los de mi clase, eso de ser insistente tocando tres veces, no lo hubiera hecho cualquiera.

     Tomas muy preocupado, intento calmarse para no salir corriendo. ¡ADELANTE! Se escuchó un grito tan estruendoso, que bien podría haber sido producto de un hombre de 3 metros, y de repente… la puerta se abrió de par en par, lo sorprendente es que nadie estaba ahí para abrirla. Desde lejos la casa solo parecía una pequeña choza, pero al adentrarse en ella parecía tener cien pisos ¿Cómo era esto posible? Fue lo único que pudo pensar Tomas, mientras ponía apenas un pie dentro de la casa.

     -Parecías alguien valiente – Se escuchó desde un piso arriba.

Tomas se armó de valor y decidió seguir subiendo cada piso de ese castillo o choza, a medida que se iba acercando hasta el último piso podía ver a lo lejos un magnifico resplandor que lo impulso a seguir subiendo, pero ese mismo resplandor le impedía ver más cada vez menos, hasta que… BAAMM! Sintió como ese mismo rayo de luz lo golpeaba, dejándolo totalmente inconsciente.

     -¡Hijo! ¿Tomas? Es muy tarde, levántate – Le dijo su padre.

     Parecía que Tomas no había abandonado en ningún momento su casa, ni mucho menos su cuarto y obviamente todo había sido un sueño. Desconcertado se levantó de su cama, se dirigió a la ventana y se asomó, descubriendo algo realmente sorprendente, pudo ver un ligero color azul sobre el cielo, claro que él no sabía cómo llamarle a aquel espectáculo. Bajo las escaleras con gran rapidez gritando

     -¡MADRE, PADRE MIREN LO QUE HAY TRAS LA VENTANA!

     Sus padres no sabían lo que le sucedía y simplemente creyeron que era fiebre.

     -Hijo necesitas visitar al médico pronto – Le dijeron

Tomas no sabía lo que pasaba, ¿Qué era aquello que estaba frente a sus ojos? ¿Cómo llamar aquello que veía?

     Tomas salió disparado corriendo en el pueblo gritando.

     -¡MIREN! ¡AHÍ! ESO ES ALGO TAN EXTRAÑO ¿QUIÉN MAS LO VE COMO YO?- Dijo tan exaltado que la gente no podía hacer otra cosa más que verlo como un loco.

     Su padre corriendo tras él, solo pudo ocultarlo bajo su abrigo y correr rápidamente de regreso a casa.

     -¿Qué es lo que te pasa Tomas? ¿Acaso crees que ves cosas? ¡TE DESCONOZCO!

     La gente del pueblo tan molesta por lo que había sucedido decidieron llamar loco a Tomas, otros más incluso se atrevieron a llamarlo brujo, pero el nombramiento más acertado fue que era un mago, pues el modo tan desesperado de llamar al cielo ¿Azul? Eso solo podía ser obra de un mago, de los enviados del más allá.

     Decidieron acabar con él, creando una revuelta en todo el pueblo, lanzas, fuego y armas era lo que la gente llevaba para acabar con el malvado Tomas que empezaba a conocer como era en realidad el mundo.

     El padre de Tomas al enterarse salió disparado hacia la puerta para evitar que llegaran a su hijo.

   -¡TOMAS! ¡HUYE, VE AL PUEBLO MAS CERCANO, ESCÓNDETE EN UN BOSQUE PERO VETE! – Grito su padre tan desesperado que Tomas no supo que hacer más que tomar aquel álbum de hojas que coleccionaba y huir rápidamente de ahí.

     Tan rápido corrió que llego a lo más hondo y oscuro del bosque, comenzó a dar pisadas cada vez más inquietas e indecisas, hasta llegar a un anuncio que apenas era visibles en el cual la única leyenda era… “Bienvenido a la calle Bruck donde brujos, duendes, ogros o cualquier fenómeno de la índole, no será recibido a menos de que vea el color azul del cielo”.

     Tomas se sintió identificado y de inmediato corrió siguiendo las flechas que habían los troncos de los árboles, hasta llegar a una choza, una choza que juraba haber visto antes, indeciso se acercó a la puerta, abrió la cerradura y se asomó; que sorpresa se llevó en el momento en que vio más de cien pisos tal cual en sus sueño solo que en este momento no sabía si estaba despierto y dormido, hasta que una voz le dijo.

     -No eras tan cobarde, aunque ahora te ves más decidido que la ocasión anterior.- Una voz casi tan palpitante como las campanas chinas.

     En el momento que Tomas comenzó a subir las escaleras lo único que podía ver eran escalones, siempre unos más delante de otros, el momento que no sintió un escalón más simplemente siguió adelante, lo increíble era que en esa punta de la gran pequeña choza, había una casa más en la que un anuncio detuvo por un momento la vida de Tomas.

     “DE AHORA EN ADELANTE ESTA SERÁ TU CASA, VIVIRÁS AQUÍ, COMERÁS AQUÍ, Y SOBRE TODO INVESTIGARÁS AQUÍ”

     Tomas no sabía que pensar al respecto y simplemente se sentó en una silla de paja que había a su lado, encontrando un sobre con una carta dentro, diciendo lo siguiente:

     Querido Tomas, hemos descubierto que solo existe alguien como tú en el mundo, conoces el color azul, conoces las hojas de los árboles, y sabemos que puedes saber más, quédate aquí investiga sal al mundo y comparte tu conocimiento.

     Tan desesperado Tomas, simplemente se quedó dormido dejando a su paso 80 años, despertando en el mismo lugar, pero la diferencia es que ahora tenía 80 años más.
Al abrir sus ojos nuevamente comenzó a ver todo de otro color, sillas cafés, mesas negras, un cielo azul profundo, ropas de color rojo; Tomas no sabía que pasaba corrió hasta un espejo, se miró y no supo que pensar, simplemente repitió la historia, salió corriendo hasta llegar a las calles del pueblo gritando.

-¡Miren todos, mi ropa es roja, el cielo es azul! ¡Esa planta es verde, estoy seguro que es verde!

     La gente asombrada, recordaba el momento que un niño igual a él había dicho tantas locuras, así que solo lo tomaron como rehén del pueblo llevándolo a una choza en la calle Bruck, la misma de donde él había salido, el trataba de salvarse gritando que no era un loco, que solo estaba diciendo la verdad; pues después de su sueño tan profundo había adquirido todo ese conocimiento.

     La gente del pueblo no lo tomo en cuenta y aun así lo único que pudieron hacer fue encerrarlo.

   Tomas después de mucho tiempo dentro de la choza lo único que pudo escribir fue un libro de biología, que sería quemado el día de su muerte pero no sin antes escribir otra carta que decía…

     “He conocido los colores de la verdad, el siguiente que trate de conocerla no lo encierren, déjenlo libre, déjenlo conocer el azul del cielo y además déjenlo escuchar la voz”

     Nadie comprendió el mensaje, y el pueblo siguió viviendo en la oscuridad por el resto de los años, la voz desapareció, la choza fue quemada y la calle Bruck nunca más fue visitada.

viernes, 4 de agosto de 2017

La flor del silencio

La flor del silencio 
Por: Crisandra Ávila de los Ríos
Quinto lugar "Cuéntanos tu cuento 2017"

Me di cuenta en cuanto lo vi sentado en una esquina, sucio de pies a cabeza y con el cabello tan encrespado como siempre; era él, el chico con el que intercambiaba pensamientos en nuestros primeros años de instituto. No podría olvidar aquellos profundos mares que desembocaban justo debajo de su frente; sin embargo, algo había cambiado: parecía que sus pupilas hubiesen crecido como si estuviera todo el tiempo en la oscuridad. No me atreví a llamarlo, sentí que, aunque mencionara su nombre, mis palabras no llegarían a él; no obstante, aun si nuestros ojos no se encontraban, lo entendía, ya no pertenecía aquí. El muchacho dulce, pero taciturno y de otro mundo, había regresado a su hogar.

     No solía ser una persona cerrada de mente, pero mi primera impresión de él no fue como la de cualquier otro. Él no hablaba con nadie, casi aparentaba que desconocía el lenguaje en todas sus formas, aunque no puedo negar que su mera existencia podía comunicarlo todo. Desconozco las razones que me llevaron a esa conclusión y por muchos años más, incluso si nuestro poco contacto había desaparecido, no dudé en ningún instante que el cruce de nuestros caminos tenía un significado que me arriesgaría a considerar trascendental.
Una parte de mí no lograba comprender qué hacía él en ese lugar. La soledad en compañía era parte de su vida diaria, mas el encierro solo representaría el suplicio para un alma condenada. Es así que me acerqué a uno de los encargados para solicitar informes sobre dicho paciente. Realizar mis prácticas en aquel hospital psiquiátrico, así como contar con una relación de amistad, no menor a cinco años, con un hombre que trabajaba ahí, me permitió acceder a su expediente en el cual se encontraba un cuaderno de notas que, según mi compañero, el mismo propietario había solicitado con la intensidad de un arrebato que se le fuera confiscado, puesto que, con cada palabra que escribía, la desesperación y la poca elocuencia que le quedaba se iba desmoronando como pedazos de cielo que caen sobre el fango.

     Sé que no debí hacerlo, pero no pude evitar el llamado de aquellas letras que me forzaban a hacerme de este y llevarlo a mi casa. No había solución, la incertidumbre y el desasosiego me movieron y es así que, con la intención de que las confesiones escritas en el papel no fueran borradas por tanta luz después de haber permanecido en la íntima oscuridad, me senté debajo de una lámpara que poco iluminaba para empezar a leer.

***

El tiempo aquí no transcurre igual, es más, desde que he perdido la única libertad que me quedaba, no existe ni hoy ni mañana, sólo quedan vestigios de lo que alguna vez existió en la tempestad del exterior; es por ello que he dejado de soñar. Ahora me parece que en mi vida solamente he visto el color blanco, medio pálido, medio carcomido por la humedad que abraza la habitación.

     Mi ingreso a esta unidad no había sido planeado, pues, casi sin querer, me di cuenta mientras de mis manos brotaba la sangre. ¿Por qué ya no puedo ver más a la mujer que me dio la vida?; extraño a mi madre. Es debido a ella que ya no puedo dormir, cada vez que cierro los ojos me aterra su imagen. Quizá lo desfigurado de su rostro no es lo que más impacta, sino sus labios y aquella rendija que no pronunciaba más que palabras dulces y; sin embargo, no volvería a sonreír.
Me he quedado solo nuevamente, en este agujero putrefacto al que siempre he pertenecido, como a la nada. Los insectos se han vuelto mi única compañía verdadera. No entiendo por qué los otros no ponen atención a mis palabras, no entiendo por qué no se dan cuenta de que hay arañas bajo la cama. Sus finas y delgadas extremidades acarician las mejillas en las que en alguna ocasión las lágrimas rodaban. Es el consuelo que me dan.

     Estoy cansado de la suciedad, aquella inmundicia que me aplasta con sus graves quejidos y me ahoga hasta perder el aliento. Sus trinos y exasperados berreos me hacen terminar en el piso. Aquellas aves que en algún momento consideré la creación más bella de esta tierra, ahora me resultan inaguantables. Sus afilados picos no pueden más que representar un tormento insoportable, puesto que picotean, resquebrajan y se comen la carne de mis sesos. En alguna ocasión creí que me arrancarían los ojos; no obstante, aunque estos permanezcan dentro de sus órbitas, mi vista fue nublada, pues sus alas rozaron mis córneas que ya no pueden distinguir entre una mano u otra. Ojalá aquel pajarillo, que con tanto fervor se esmera en arrancarme el corazón, lo hiciese. Nada lo ata a este cuerpo, ni siquiera su casi eterno bombear.

     He tomado una determinación y no sé si fue por las estrellas que dieron su último aliento. Cuando se hizo claro para mí, ellas me miraban, acusaban mi presencia dentro de una celda, se burlaban de mi vulnerabilidad, pero sobre todo de mi ignorancia. Ya no puedo pertenecer a la humanidad que me ha acogido desde que nací. Necesito abandonarme al sueño negado, sólo ahí puedo encontrar la felicidad que en algún momento embargué en este pozo llamado alma. Quizá se la llevo la mariposa o el hombre que creyó que era una, pero es mi deber recuperarla a toda costa.

     Quiero ser una flor y bailar en el jardín.

***

     Sus trazos se volvían a cada paso más indescifrables; sin embargo, no pude evitar llorar. Traté de controlarme, pero se había desatado un huracán en mi interior. Los gritos suplicaban escapar por mi boca, mas sólo lograban encajar sus garras en mi garganta intentando salir a la superficie. No pudieron hacerlo a pesar de todo. Nunca creí que el silencio de mi llanto me provocaría tanto terror como esa noche. Poco a poco mis lágrimas se volvieron aire y en mi lengua se extendía un sabor a metal. La cabeza comenzó a dolerme como si unos anchos y extensos brazos la presionaran, intentando sacar de ella lo que había entrado por mis ojos. “No puedo dejarlo sólo”, pensé. Tenía que verlo en ese momento porque, de no ser así, ya no podría hacerlo jamás. Una ansiedad inescrutable se apoderó de mí, gobernando cada espacio que tocaba y, entre temblores y ganas de vomitar, salí huyendo.

     Envuelta por la melodía desgarradora de los grillos y el roce de la ventisca irrefrenable, corrí; corrí con los pies descalzos, a pesar de que el asfalto laceraba a cada paso mi piel. La luna amenazaba con devorarme, estaba segura del ello, puesto que me acercaba más y más a ella, pero no me importó, ni siquiera cuando sus cráteres despedían un destello cegador. Sin vista y con el cuerpo caliente por la excitación, me movía por un impulso que desconocía, sentía un imán atrayente que por momentos me levantaba del suelo y me hacía levitar, a cada segundo con mayor velocidad. Sin embargo, en un instante todo se disipó. La misma fuerza que me cautivaba, ahora me lanzaba hacia el lado opuesto. En un principio no supe discernir si era un intento desesperado de detener mis infructuosos esfuerzos o salvarme la vida, pero no basto mucho para que me diera cuenta de que era lo primero.

    Recostada en el pavimento, una a una las estrellas se fueron apagando. ¿Acaso me había convertido en su madre o había sido yo quien la matara? Ahora era de mis manos donde salía a borbotones la sangre contenida, fundiéndose con la nada. Alguien me llamaba; intenté ubicar de dónde provenía aquella voz, mas sólo pude encontrarme con una pequeña flor que habría sus pétalos saludando al firmamento; estaba amaneciendo. No hizo falta que la mirara por mucho tiempo, lo entendí en cuanto la vi. Era demasiado tarde, no sólo para él, sino también para mí.

sábado, 29 de julio de 2017

Verano 2014

Verano 2014
Por: Erica Villegas Basilio


Hoy salí a caminar como de costumbre, al llegar al zócalo de Puebla comencé a ofrecer mis poemas y a platicar con algunas personas cuando de repente empezó a llover y todos empezaron a correr en busca de un lugar para cubrirse de la lluvia. Yo no los entiendo, la lluvia es hermosa, sentir las gotas en tu cuerpo es señal de que aun estás vivo, escuchar el sonido de las gotas cayendo en el suelo es tan hermoso que te permite reflexionar, recordar…disfrutar…te transporta al pasado, a recordar los momentos melancólicos de tu vida…al menos eso ocasiona en mí. Seguí mi camino hundido en estos pensamientos y al llegar al barrio del artista me senté en una banca y vinieron a mi mente algunos recuerdos, me doy cuenta que ya no puedo recordar con tanto furor, con esa desolación tan pura, pero la lluvia me hizo pensar que los tiempos cambian, las personas cambian, todo cambia, ni siquiera yo soy el mismo. Recordé cuando estaba en la universidad, todos decían que yo iba a llegar a ser el mejor psicólogo de mi generación, ellos hablaban de mi futuro, ellos me veían como el chico inteligente, esa era mi vida utópica, la que ellos me construían. Me hubiese encantado que entre “ellos” estuviese mi familia, pero no, eso solo se quedó en un deseo porque mi familia me veía como un perdedor, ellos esperaban que yo fuera médico o militar como mi padre, pero no, yo elegí lo que a mí me hacía feliz, por lo menos, en esa época. En realidad, nadie sabía lo que realmente pensaba o sentía en ese entonces, sólo me apoyaba en Alinne, mi novia, una chica fantástica pero al igual que yo, se encontraba sola, era la única persona con la que me sentía identificado, lo malo es que ella nunca me quiso tanto como yo a ella y era tanto mi coraje y frustración que llegué a odiarla con la misma intensidad que la amaba, confieso que llegué a golpearla porque no encontraba la manera de que ella me viera sólo a mí; y cómo no amarla si ella era como una escultura hecha por Afrodita, era tan grande mi amor que cuando ella me abandonó, una parte de mi vida se fue para siempre.

Pasaron los años, terminé la universidad, pude salir de mi casa, empecé a salir con mis amigos a tomar, drogarme, y divertirme. También me dedique al atletismo y al arte, alcancé el éxito muy fácil en ese ámbito, , por fin sentía que mi vida tenía sentido, hasta que un día amanecí tirado en un rio fuera de la ciudad. Las personas dicen que me vieron gritar como loco, que no sabían si reía o lloraba, que corría sin dirección alguna y que fue así como llegué a ese lugar. Desde ese día todas las personas que creía mis amigos se alejaron de mí, me empezaron a llamar loco, me quedé solo, me deprimí, y así pasé varios años. Hasta que un día decidí darle la cara a la sociedad, pero ahora es distinto, sé que no puedo confiar en nadie, por eso me presento como autista. De esta forma soy más feliz, las personas a veces me preguntan porque me visto con short y camiseta y camino descalzo, y yo les contesto con evasivas, si les digo que es porque amo la naturaleza ellos no creerán, así que prefiero que crean lo que a ellos les plazca; ellos creen que estoy loco, tal vez si, tal vez no, nadie lo puede saber con certeza, ni siquiera yo.

He caminado mucho por toda la ciudad he visto mucha injusticia, he visto a los poblanos manifestándose por causas justas, he visto como llegan los niños, señoras, y ancianos a pedir dinero para mantener una familia donde en muchas de ellas hay maridos golpeadores y alcohólicos, me he topado con el gobierno autoritario, ciego, sordo y lo peor es que eso no solo pasa en nuestro país sino que en todo el mundo. Yo creo que debemos formar una nueva política que no sea tan estricta como el socialismo, tampoco tan acaparador como el capitalismo. Odio el no tener el coraje para organizar a la sociedad y juntos luchar por una vida más plena y justa, es por ello que todos los días busco escaparme de este mundo, “el mundo duele no precisamente porque sea cruel o malo, sino porque se aleja cada vez más de nuestra imaginación”.

Al recordar mi vida pasada se viene a mi mente esta frase que me ha ayudado a seguir adelante “Tarde o temprano tendrás que definir prioridades en tu vida, y tendrás que dejar en ese camino a gente y cosas importantes. La vida es así, abrir y cerrar círculos, y pedir disculpas o perdón no es suficiente”. Escribo poemas para difundir mi sentir y en este momento de reflexión y nostalgia escribiré estas líneas…

No sé cuándo sea la última vez
Mis vecinos empiezan a pagar su luz
Señal de que apenas está empezando la noche
Y que tus recuerdos están por llegar
Puedo imaginar mis miedos y angustias
Riéndose porque esta noche como otras veces
Brincare, llorare, peleare con la pared
Puede ser que esta noche solo pueda reír y abrazar
mi almohada creyendo que eres tú,
no importa lo que haga
la noche apenas está empezando
y mis lágrimas apenas empiezan a brotar
sé que a veces me dormiré llorando,
en otras me despertare llorando
tal vez muchos días sean grises,
empiezo a acostumbrarme a esta vida sin ti,
empiezo a creer que pronto me olvidare de ti,
deseo que ese día sea mañana
deseo levantarme y salir a caminar
conocer nuevas personas,
tal vez no será fácil pero lo deseo tanto
eso me motiva a levantarme poco a poco
algo me dice que volveré a agarrar vuelo
y que regresare a la cima de nuevo
le digo a mi mente que eso será mañana
o tal vez el sábado o en agosto
esto me entristece de nuevo
porque no sé cuándo va a ser la última vez que
llorare por ti, aun no tengo la fecha .
solo sé que esta noche volveré
a llorar y pelear con mi almohada.
Este extracto que al parecer son las hojas extraviadas de un diario fue encontrado en una banca del zócalo de la ciudad de Puebla en el año 2077…

martes, 18 de julio de 2017

Soy Dios

Soy Dios
Por: Marvin Kevin Cabrera Barrientos

Soy Dios

No recuerdo como esto empezó, pero lo disfruto plenamente, soy un ser completo, todo lo que quiero lo consigo, puedo hacer caer agua en el desierto, puedo convertir el lodo en oro, puedo manipular poblaciones sin decir ni una sola palabra, podría acabar con el hambre a nivel global e incluso podría conseguir la paz mundial si me lo propusiera, pero en realidad me da igual todos son unos estúpidos creen que estoy loco, que soy alienígena o un fenómeno por hacer lo que ellos no pueden, veo el pasado, el presente y el futuro y ellos temen a que confiese sus más oscuros secretos por lo mismo han querido destrozarme, sabotearme, hundirme y no han podido, pobres mortales.

El día de mi consagración

Aarón era un hombre de 35 años de edad, cabello castaño, ojos verdes intensos que parecían tornarse grises con la luz, de tez morena, de religión católica, al parecer era obispo de su capilla. Él me había vetado de dicha iglesia ya que alguna ocasión interrumpí su estúpida eucaristía para divulgar un mensaje en el cual yo sustenta porque era creador del universo y todas las cosas, quede como un tonto ante los creyentes, ya que nadie creyó que yo era Dios, todos se burlaban de mi sin parar todos dudaban de mis poderes hasta que les dije que les daría una prueba y sin que nadie lo esperara se rompió un ventanal de aquel lugar de culto apestoso y entro por ahí un cuervo se sentó en la parte alta de la cruz y cagó en la cara de Jesucristo, nadie podría creerlo, todo se quedó en silencio un par de minutos y decidí retirarme lentamente, algunos de los borregos creyentes intentaron tocarme para ver si era real pero los mire con desprecio como la basura que son, al otro día intente ir a la misma iglesia a dar un mensaje pero me prohibieron la entrada a esa y a cualquier capilla por dicho suceso. El rumor había corrido justo tal y como lo planeé, ¨¨el mesías se hizo presente en una iglesia del condado e hizo un milagro¨¨ pero algunos como el obispo Aarón creían torpemente que había adiestrado al ave para romper el vidrio y hacer esa blasfemias sobre la imagen de su ídolo y por lo mismo este día decidí darle un escarmiento de Dios al hombre, así que envié a la tentación andante a dicha capilla Yopshany ¨¨una puta¨¨ para ser sinceros la mejor de este pequeño condado, le ordene que sedujera al padre y lo llevara a un motel donde lo estaría esperando, ella entró como en su casa y se dirigió detrás del altar donde el padre acostumbraba rezar antes de dar misa y empezó a acariciarlo y a bailarle exóticamente, es ahí cuando me di cuenta que ya nadie está a salvo del pecado, hasta el hombre más bueno socialmente hablando había caído ante la tentación de unos simples pechos y un par de nalgas por cierto muy bien torneados, la cuestión es que Yopshany lo llevo a un motel llamado ¨¨Caribe¨¨ donde su servidor lo estaba esperando detrás de un armario al entrar a la habitación el empezó a desprenderle de golpe la ropa a ella, pero ella muy astuta sugirió un juego antes de la acción y lo encadeno a la cama de pies y manos, le vendó a los ojos y le hizo sexo oral, él no sabría que sería el último, luego ella se alejó le dio un puñado de billetes que apareció en mi billetera con solo pensarlo y se marchó, su trabajo estaba hecho no me servía para nada mas, me acerque a él y le quite la venda fue un éxtasis ver su rostro horrorizado al verme, pues sabía que el Apocalipsis se acercaba ,había retado a Dios negándolo y era hora de afrontar las consecuencias de sus actos, así que empecé a bañarlo con gasolina ,el suplicaba por su vida, pues sabía que pasaría con él, yo creo que eso fue lo que más me enfadó ya que jugó a ser yo ,adivinar el futuro así que lo golpeé con un bate para no escuchar sus lloriqueos sin embargo se resistía al silencio así que fui por el jabón rosa venus del motel para meterlo en su boca, luego lo cubrí con cinta canela para asegurarme de que no saliera ni un mínimo sonido de su espantosa y hereje boca, concluida esta tarea, cerré los ojos y hable con el cosmos para saber cómo debía morir este sangre sucia, así que se me develó su salvación de la manera más mágica y cruel posible, tomé un cuchillo y le ampute los genitales, el se retorcía de dolor mientras yo casi alcanzaba el orgasmo cuando me salpicaba la sangre en el rostro, luego clave alfileres en su rostro durante 30 minutos y los retiraba al instante, como empezaba a aburrirme, decidí prender un cigarrillo de la verde el cual un ángel del cielo me dio antes de la ejecución, yo hecho las cenizas al mallugado cuerpo del padre que permanecía inmóvil en la habitación de dicho motel como ya resignado para la muerte ,poco a poco empezó a arder era tan gratificante ver como poco a poco la piel se desintegraba para llegar a los cartílagos y poco después al hueso, supuse que después de eso el padre no podría decir que no era Dios, pero antes de que el fuego se expandiera a la cama tome un extinguidor que estaba en la habitación que seguramente mis poderes aparecieron para dicha ocasión, le quite el seguro y arrojé el contenido hacia la calavera antes llamada Aarón, no sé por qué creí que era buena idea hurtar los huesos de la mano, supongo que cuando eres un Dios puedes hacer lo que quieras, y pues hice una pulsera la cual decidí cargar desde ahí para que todos supieran lo que pasaría si negaban la existencia de un ser supremo, más al salir de la habitación unos uniformados y la puta de Yopshany me estaban esperando listos para agredirme con gas lacrimógeno, y golpes de macanas en mi cabeza, me esposaron y me informaron que me tendrían en un aislamiento total, creo que lo llaman cárcel o algo así, pues tenían entendido que le había pagado a esa mujerzuela para atraer al padre Aarón a ese motel barato con el fin de matarlo por puro placer, al contarles el motivo se rieron de mí, lo que me enfureció más y les dije que se arrepentirían de haberme capturado, maldita Yopshany me traicionó, ellos me traicionaron, la sociedad mis propios hijos me revelaron ante mí, no se pueden hacer a la idea de que exista alguien en este mundo con el don de hacer lo que se le plazca, me esposaron y golpearon como a su dios falso Jesucristo, pero no les duraría su gusto pues mi venganza fue al instante, mientras viajamos en la patrulla rumbo a la prisión un carro de cambio de carril y se estampo hacia nosotros, la patrulla donde viaja se volteó dejando a los policías y a Yopshany muertos, yo fui el único que sobrevivió, una prueba más de que soy yo en inmortal, lamentablemente cuando desperté luces blancas alumbraban mi cara, ya no tenía las esposas y estaba en un cuarto de 4x4 cubierto de esponja blanca, al instante un hombre entró a aquel lugar donde me encontraba y por fin un mortal de dirigió hacia mí con mucho respeto, me dijo lo siguiente-¡hola Víctor! Soy Yair soy un fiel seguidor tuyo y quiero difundir tu palabra, porqué yo si ceo que eres Dios, nadie es capaz de hacer lo que tú haces, para esto necesito que me relates en un breve cuento tu historia de que como llegaste a ser Dios, como llegaste a construir este castillo blanco y cómo fue que hiciste que escarmentara ese hombre que dudó de ti. Yo me sentí tan alagado por fin había resucitado de la muerte y todos lo habían notado, ahora si creían que era yo el Dios creador del universo y las cosas, y parte estaba en mi reino, sonreí, hasta que entro otro sujeto con bata y pidió que sacaran a mi seguidor, me dijo que no era Dios que era un maldito enfermo que había matado a un padre y que primero tenia que ser evaluado en esa institución psiquiatra y según la evaluación dependería si me quedaba ahí o sería enviado a la cárcel, solo me reí del hereje y le dije que me diera un lápiz y papel, a esto el respondió-Si eres Dios porque no lo apareces y yo respondí para que hacerlo si tengo sirvientes jajaja reí,-me dijo enfermo, fue por lo que le pedí, me lo dio y se marchó, luego me puse a escribir esta hoja, y sé que tú que ahora la lees ya no dudas de mis poderes, ¿cómo explicas el cuervo en la iglesia?, ¿el carro que volteó la patrulla?,¿mi castillo actual?, ahora que conoces mi historia es simple sabes que soy tu Dios.

Este cuento fue escrito por Victor H.P con el fin de ser entregado a su seguidor y todo a cualquier que se hiciera la pregunta de quién es Dios. Actualmente tiene 40 años de edad, no se sabe nada sobre su familia de origen, hace un mes cometió el asesinato y fue internado hace quince días a esta institución psiquiátrica, él fue diagnosticado con el trastorno esquizotípico de la personalidad ya que cumple con todos los criterios del DSMV.

Cabe mencionar que lo acontecido en la iglesia sobre el cuervo defecando sobre el rostro de Jesús, y el choque donde murieron los policías y Yopshany si acontecieron, y aunque no exista familiar que lo valla a visitar, un grupo de personas de la iglesia católica donde ocurrió aquel suceso van a dejarle veladoras todos los domingos cuatro veces al mes a la institución.

viernes, 26 de mayo de 2017

Metztli

Metztli
Por: Erick Genaro Pérez Vidal

Como en todas las historias, que se han contado a lo largo de la historia esta tiene un inicio y un final.

Tonatiuh era un joven de 17 años, de ojos negros, de estatura mediana, cuerpo delgado, hijo único un joven como cualquier otro solo que un poco distraído, con una mirada fría, con ojos llorosos, traía consigo una libreta y una pluma en todo momento. 

Caminaba cabizbajo por el mundo, por momentos solo lo acompañaba un cigarrillo y pensamientos de desolación y tristeza. 

Pasaba la mayor parte del tiempo en su recamara o en la escuela. 

Sus padres jamás le habían conocido amigos mucho menos una novia. 

Así pasó gran parte de su vida hasta que cierto día sus padres le informaron que habrían de cambiar de casa, poco le importo no tenía amigos, ni pareja, ni si quiera sentía ser parte del mundo. 

Sus padres tenían la esperanza que al llegar a un lugar nuevo posiblemente tendría amigos y Tonatiuh cambiaria un poco. 

Así una mañana partieron Tonatiuh observaba como avanzaban puso un poco de música en sus audífonos y se dedicó a escuchar, pasaron muchas horas él se quedó dormido hasta llegar a su destino. 

Tonatiuh pasaba los días en la escuela y después en su recamara. 

Poco le importaba si algo mas pasaba encontraba la compañía que necesitaba escuchando música. 

Sus audífonos puestos un cigarrillo prendido, una pluma en mano y una hoja en blanco eran lo que el necesitaba, observaba la luna cada noche reflejada en su ventana, iluminando el espacio que necesitaba para escribir, la única luz que entraba, la única luz que el necesitaba.

Y así pasaron los días, las noches hasta todo cambio. 

El reloj marcaba las 5 de la tarde una hermosa tarde un poco fría, las hojas de los arboles cubrían las calles, una tarde nublada. 

Tonatiuh se abrigó y salió a caminar hasta llegar a un parque cerca de un lago se sentó en una banca puso su canción favorita y se dispuso a encender un cigarrillo.

Sonaba la canción el cigarrillo se consumía, el humo salía de sus labios, un suspiro dirigido al cielo y una lagrima rodaba en sus mejilla.


EL ENCUENTRO

Fue en ese momento que apareció ante él, el brillo más hermoso que se puede observar en la vida.

El brillo de un par de ojos cuando se encuentran con los tuyos. 

Era una chica muy hermosa, un par de ojos color marrón, unos labios rosas y un cabello negro que caía hasta sus hombros, una sonrisa preciosa en la que cualquiera podría perderse. 

Tonatiuh solo la observo, observo la sonrisa de la chica que acababa de acercarse pero había llegado la hora de emprender el camino a casa. 

En camino a casa no dejaba de pensar en ella, en sus ojos, sus labios, su sonrisa su cabello ni en el perfume que desprendía aquella chica. 

Paso la noche entera preguntándose quien era, como se llamaba y una extraña sensación aparecía en él, sus manos temblaban, sonreía sin querer y esta noche la luna brillaba especialmente. 

Y empezó a escribir como cada noche, hoy no hablaría de muerte aunque deseaba hacerlo. 

Y poco a poco su alma se expresaba en el papel. 

Empezaba a escribir los versos más perfectos, versos sobre un par de ojos color marrón.

Sobre unos labios rosas, o un cabello negro, sobre un perfume suave que inundaba el momento perfecto donde sus ojos observaron lo que él llamaba un ángel. 

Y así paso la noche y el día siguiente, en la escuela observaba la ventana, las hojas de los arboles caían con cada soplo del viento. 

Tonatiuh regresó a casa acostado en su cama escuchando música decidió salir a buscarla.

Regresó donde ayer se sentó en la misma banca volteando por todos lados. 

Prendió un cigarrillo, esperando volverla a encontrar y por unos segundos observar ese par de ojos color marrón.

Observando en cada rostro buscando ese par de ojos y esos labios que le habían robado el pensamiento, pero no aparecía.

Ni los ojos ni los labios ni el cabello, mucho menos el perfume.

Decepcionado camino regreso a casa habría caminado un par de calles cuando decidió prender un cigarrillo pero no encontró su encendedor. 

Este no era su día parecía que todo estaba en su contra. 

Pasaron los días y Tonatiuh no sacaba de su mente aquel par de ojos, una tarde.

Después de una fuerte lluvia decidió salir a caminar para acomodar sus pensamientos camino y camino sin rumbo fijo. 

Hasta llegar a la banca donde había encontrado al par de ojos en el que no dejaba de pensar. 

Se sentó y observo a su lado su encendedor con una pequeña nota que decía: 

“olvidaste tu encendedor, trate de hablarte pero no me escuchaste que tengas un lindo día” (Metztli).

La nota llamó su atención tomo su encendedor prendió un cigarrillo y se dispuso a volver a casa justo en ese momento apareció ante el la chica de los ojos color marrón, no supo que decir se quedó petrificado. 

Ambos sonrieron. 

Tonatiuh volvió a perderse en esos ojos, observaba las mejillas de la chica sonrojar 

Observaba sus labios, su cabello, su sonrisa. 

Las estrellas iluminaban de forma especial esta noche, la luna iluminaba el lago y el viento inundaba el espacio con el suave perfume de esta chica. 

-hola -dijo ella- mi nombre es Metztli olvidaste tu encendedor el otro día quise hablarte pero no me escuchaste 

-hola -respondió Tonatiuh- presentándose ante ella y agradeciendo el gesto del encendedor- 

Sus miradas se cruzaban Tonatiuh se perdió en esos ojos, por fin conocía su nombre. 

M- eres nuevo por aquí solo te he visto un par de veces 

T- mis padres y yo nos acabamos de mudar y apenas empiezo a conocer 

M- es interesante a partir de hoy podemos ser amigos ¡bueno si tú lo deseas! 

T- claro me parece perfecto gracias, pero me tengo que retirar ¿Cuándo volveré a verte? 

M- puedes verme cada noche si es que lo deseas

Y así pasó cada noche entre risas secretos, platicas, sonrisas. 

Tonatiuh se observaba diferente cada día esperaba que llegara la hora de poder ver a Metztli cada noche en el mismo lugar a la misma hora ella lo esperaba. 

La gente que pasaba cerca, observaba a Tonatiuh de una forma extraña pero a el no le importaba. 

Ella lucia cada noche más hermosa. 

El tiempo pasaba cada vez más lento, sus manos cada vez se acercaban más. 

Sus ojos se perdían uno en el otro, la noche se hacía más hermosa día a día. 

Cada vez usaban menos palabras y empezaban a comunicarse con la mirada, sus ojos comunicaban lo que los labios no pueden decir. 

El tiempo se detenía con una sonrisa. 

T-han pasado muchos días 

M- demasiados 

T-siento que te conozco de toda la vida, y aun así quisiera conocer cada rincón de tu alma 

M-conoces cada rincón de mi alma lo has hecho desde siempre. 

Tonatiuh se acercó Metztli se acercó el tiempo se detuvo sus ojos se vieron profundamente uno al otro

Tonatiuh aparto el cabello de Metztli de su rostro se acercaron mas. 

En ese momento Metztli se levantó y salió corriendo. 

Tonatiuh no entendía que pasaba. Regreso a su casa como cada noche. 

Regreso al siguiente día pero Metztli no volvió. 

Y así pasaron los días. 

Tonatiuh regreso cada noche y regreso a casa. 

Hasta que una noche por fin Metztli volvió. 

T-por qué te marchaste 

M-lo siento no puedo enamorarme de ti 

T- y tú crees que yo quería que esto pasara, he escrito algo para ti 

T-solo escucha esto y si después de todo te quieres ir 

No te dentendre

T- Me perdí en tus ojos, tus labios, tu sonrisa 
    Me perdí en tu perfume, en la brisa emanente de tu cuerpo 
    Me perdí en tu cabello, perdí la razón, perdí más que mi tristeza 
    Perdí más que la cordura, me perdí en ti, en el timbre de tu vos 
    Me perdí buscando un de tus labios dulces me perdí en el tacto de tus manos 
    Me perdí buscando tu amor, he perdido lo que era 
    Pero después de perder todo esto en tus ojos me re enamore del dolor. 

Se despidieron con un beso Metztli camino hacia el lago y se perdió al tocar la luna.

Y esa fue la única vez que un hombre puedo amar a la luna.

Lo mexicano: Una entelequia de conceptos

Lo mexicano: Una entelequia de 
conceptos
Instituto Universitario Carl RogersMtro. Edgar Daniel Anaya Torres


Todos los hombres me separan de los hombres
Emil Cioran.


Mirar las raíces profundas en las que el mexicano promedio arrastra su agonía diaria, su soledad, resulta hilarante, ya que al pensar en el mexicano de la actualidad, el mexicano niño que padece de identidad, el mexicano joven que sufre su identidad o el mexicano viejo que duda de su identidad, parecen lugares comunes, explicaciones o descripciones sobre el concepto de lo mexicano, sin embargo, son los lugares comunes los que sumergen al mexicano en una mítica nostalgia que rodea la esencia de su ser, así, está por demás tomar como hilo conductor al mexicano para considerarlo como fiel protagonista de un proceso que ha arrastrado su historia; más, cabría arrojar a la cotidianeidad, a su carácter melancólicamente desolador, a un mexicano que a pesar de sí es atrapado por la modernidad, sin descubrir que la modernidad lo ha sobrepasado, que en su necesidad de dejar de ser mexicano cumple los estereotipos del mexicano promedio.

La relación entre el discurso y la identidad nos lleva a la explicación de los lugares comunes en los que habita el mexicano, a la soledad donde el mexicano vive y a su vez muere, sin embargo, debe entenderse esto último como un discurso dominante que delimita el campo de acción de los individuos que aprehenden el concepto. La realidad del mexicano dista de la identidad del mexicano y los mitos que se han construido a través de él. La mitificación del mexicano en torno a los rasgos y signos de los cuales lo han revestido sus intelectuales, desde la conquista hasta la modernidad, generan determinados estigmas en su imaginario y en su personalidad colectiva. Estos estigmas se forman en torno a los discursos que se forman a través del concepto de modernidad, y más importante aún, sobre discursos de exclusión.

Se puede pensar que las fronteras que trazan los discursos de exclusión se incrustan en la mente de quien los toma a partir de formar parte del mundo dado. Y son estas fronteras las que caen ante los ojos del mexicano, estas fronteras que dentro de su ideografía ya no delimitan su espacio, su lugar, su tierra. Entonces su inseguridad se vuelca con angustia hacia movimientos globales incomprendidos; el devenir de los días cae tumultuosamente sobre sus hombros; el mexicano se siente incomprendido e incomprensible: está entramado ante este halo de mitos que circundan su ser; este conjunto de mitos que construyen un arquetipo de lo que debería de ser, tanto externa como internamente, lo golpea con fuerza y lo deja inmóvil, con su carácter melancólico y pasivo, mediando sus emociones, comiéndolas de a poco, pero es aquí donde olvida sus pasiones, en el conjunto de mitos que lo cercan y lo condenan a ser mexicano, lo trascienden hasta la actualidad, lo corrompen, lo moldean. El presente adquiere significado para poder explicar al mexicano, ya que en este ente se ejemplifica el hecho de no creer ya más en el gran relato de la mexicanidad. Así, el conjunto de narraciones no realistas que han perfilado la noción de mexicano, ubican al individuo que intenta asimilar este concepto en un desfase total, pues no le permiten ubicar su ser y tratar de cumplir las funciones que le exige su realidad, asimismo:

Las «identificaciones» con los grandes nombres, los héroes de la historia actual, se hacen más difíciles… De esta descomposición de los grandes Relatos, que analizamos más adelante, se sigue eso que algunos analizan como la disolución del lazo social y el paso de las colectividades sociales al estado de una masa compuesta de átomos individuales lanzados a un absurdo movimiento browniano (Lyotard, 1987, p. 16).

El arquetipo de lo mexicano ha sido traspasado por un sin número de mitos; su esencia se ha construido a partir de lo que definen los intelectuales. Pareciera que el concepto de mexicano se ha trastocado a lo largo de la historia del país, sin embargo, es inevitable observar que dentro de la posmodernidad los imaginarios sociales se ven deformados por la particularidad de los individuos que los generan y los concentran en un discurso particular.

La identidad, un concepto ajeno al mexicano

La identidad, en su papel de formación como concepto, busca la aproximación del ser, en tanto la otredad que existe en el exterior del individuo. Sin embargo, hay otro concepto que resulta importante delinear, ya que se supone es el medio para la formación de identidad: la identificación. La identificación del individuo se construye a partir de su inclusión en grupos (sociales, culturales, de apoyo…). En su necesidad de socialización, el ser humano busca formar parte de sus pares, relacionarse con ellos, compartir rasgos culturales que le permitan desarrollarse dentro del mundo que le tocó vivir. En esta definición de identificación se explica que no hay un reconocimiento del otro como tú, más bien hay un reconocimiento del otro en tanto cosa.

La identificación traduce las formas de actuar y relacionarse con los otros a partir de reconocerlos como objetos actuantes en la realidad social, ahora bien: “El problema, entonces, es pensar si hay otra posibilidad para abordar la específica singularidad de las realidades sin que quede reducida a una mera cuestión de diferencia” (León, 2005, p. 53). Esto es, a  la cosificación de los otros en su diferenciación de lo propio y lo ajeno, con base en, más allá de una necesidad social, de una necesidad existencial.

Lo que se busca, entonces, es establecer una ruptura con el concepto de identificación y superponer el concepto de identidad, así como lo ejemplifica Levinas (2005):

El Yo y lo que no es yo (o sea, que es Otro) no pueden ser abordados como si estuvieran solos en el mundo. Se requiere, a su vez, de algo más, de un Tercero… que no es más que la realidad social conformada por prójimos del prójimo, configurando una multiplicidad de terceros y cuyo papel rebasa la relación cara-cara y el radio de acción de una intención voluntaria (p. 78).

La realidad que se sustrae, en tanto la problemática, se realiza en la relación entre el Yo y los otros, el yo en su posibilidad de ser y los otros en su posibilidad de actuar en el mundo, el Yo se estructura a través de la exclusión del otro, en esta exclusión se genera la negación del otro “en tanto ser”, para delimitarlo como cosa.

En este sentido, se puede reformular el problema de identidad en la medida en que el Yo consigo mismo no significa una simple tautología de yo es Yo (León, 2005), sino que se requiere de una relación de lo Mismo con el Otro, no en una dialéctica, más bien, en una posibilidad metafísica que traduce lo concreto con el egoísmo. A partir de esta idea se puede afirmar que la identidad, en tanto apropiación del mundo a partir de conceptualizar al Otro como humano, es en la conciencia de sí en tanto individuo que forma parte de un mundo dado y reconoce al Otro en su condición de ser humano,  que da forma a la llamada identidad.

La identidad nacional gira en torno a la relación entre el individuo y el contexto social de la cual deriva la antesala histórica que se desarrolla en la cotidianeidad. Necesariamente tiene que ser tomada en correlación con la percepción de los individuos respecto a su identidad nacional. No obstante, al tener una identidad fragmentada, o una identidad dividida (como es el caso del mexicano) resulta difícil construir sólo un paradigma que nos permita centrar el estudio a dicha problemática, ya que las vertientes que surgen al paso resultan casi de carácter infinito, sin embargo, en el intento de orientar una visión, puede asegurarse que: “… la identidad nacional mexicana es una realidad histórica cultural que ofrece múltiples desafíos para su aprehensión y comprensión" (Béjar y Rosales, p. 12). Por ello se sugiere una posibilidad distinta: analizar a la identidad desde una entelequia de conceptos históricos, conceptos que abordamos aquí a continuación.

La identidad y el nacionalismo

Decir sentimiento de nacionalidad es decir sentimiento de individualidad histórica. Se llega al principio de nación cuando se llega a afirmar el principio de individualidad; es decir, a afirmar, contra tendencias generalizadoras y   universalizantes, el principio de la particular, de lo singular (Aguirre y Morales, 2013, p. 18).

Esta cita de Aguirre y Morales, parafraseando a Chabod, denota una afirmación de orden psicológico-sentimental de querer ser una nación, arremetiendo un sentido de conciencia colectiva, sin embargo, tanto el concepto de nación como el de nacionalismo son un paradigma que atrae un conjunto de concepciones para ser definidos; ahora, piénsese en nacionalismo como el discurso que forma una comunidad que previamente se encuentra delimitada por una zona geográfica, y que al arremeter al nacionalismo se genera una suerte de nominación que definirá a los individuos, entendiéndose al concepto de nominación, como: “… nombrar, poner nombres a las cosas y, para el trabajo presente, a las relaciones con la alteridad, con los Otros, con lo Otro” (León, 2005, p.112). De manera que la relación con cualquier realidad trascendente a mi Yo deja de estar en el terreno en el vínculo del pensamiento y el objeto, en cambio, se traduce a la evocación de la palabra  en relación con el mundo ajeno, ya que parafraseando a León (2005), lo que se nombre es, al mismo tiempo aquél a quien se llama.

Se encuentra, pues, una forma de discurso que aprehende las realidades de los individuos en sus particulares a través de la historia, las relaciones sociales, los imaginarios sociales, y el nacionalismo, siendo entonces la nominación una forma de ejercicio del poder, usando la designación dentro de los principios de identidad, dando un campo de acción limitado para lo que se puede hacer o no, para lo que se puede decir o no, y sobre todo, para lo que se puede pensar o no. Para ejemplificar esta situación en el imaginario nacional del mexicano, es necesario considerar los principales discursos de nominación que se han generado para el concepto de identidad del mexicano: el sentimiento de soledad, el sentimiento de inferioridad, el axolote, la náusea de ser mexicano. Cada discurso nomina al individuo en su particularidad y le ofrece un campo de acción muy reducido, ya que todo sistema de nominación genera procesos de designación de propiedades sobre la naturaleza de ser de las cosas.

Para ejemplificar esta idea, analicemos una frase de El laberinto de la soledad de Octavio Paz (1978, p. 67): “… el solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas”. La frase en sí misma, encierra una figura representativa que se asume declarativa y evidente y existe desde mucho tiempo atrás, trasmitiendo impresiones de repetición y fuerza que cada vez se muestran en nuestras realidades como campo de experiencia, independiente de experiencia inédita, obligan a hacer imputaciones de identidad ontológica ya establecida (León 2005). Esto lleva a pensar que las palabras adquieren una cierta forma de realidad, o mejor dicho, son la realidad, y en tanto son realidad definen los modos de actuar de los individuos, siendo una brújula que orienta la vida de los hombres en tanto son nominados y nominan sobre un discurso que se supone ontológico, a los otros con los que comparten dicha realidad. Pero lo otro, es otro que queda anegado en las sombras y oculto en la oscuridad, es eso otro que forma una fractura de la realidad, y que es en sí potencialidad de ser fractura de la nominación y da la realidad que se adquiere en tanto nominación.

Los espacios vacíos que quedan entre las palabras

Si resulta cierto que la realidad se vale de los discursos de verdad, exclusión, nominación, dentro de la realidad social es donde se delimitan las formas de actuar y pensar la realidad; también resulta cierto que dicha realidad tiene fracturas dentro de su constitución, dando la posibilidad a los espacios vacíos que quedan entre las palabras, a eso otro que habita en la conciencia de los individuos y que permiten pensar en un material en bruto a la espera de domesticación y por tanto, de salvación que comienza allí, con su propio absolutismo en negativo.

Los espacios vacíos contienen en sí un significado no propio de la realidad discursiva, de la sustancia que se encuentra unida gracias al lenguaje y por el lenguaje, puesto que éste permite pensar y entrelazar ideas que viven como en una nube entre los seres humanos, pues recurriendo a la metáfora de Aristóteles, podemos aseverar que somos animales políticos, pero para llevar a cabo actos políticos, debe mediar un lenguaje que genere actos del habla, mismos que someten a los seres humanos, sin embargo, hay brechas que discurren en la realidad, que la quiebran por instantes. Esos espacios vacíos son la posibilidad de pensar en otra realidad.

Referencias

Arreola, J. J. (1986). La feria. México: Lectura Mexicanas.
Aguirre, A. y Morales, J. (1999). Identidad cultural y social.  España: Bardenas.
Béjar, R. y Rosales, H. (1999). La identidad nacional mexicana como problema
político y cultural. México, D.F. México: Siglo XXI.
Filinich, M. (1999). La voz y la mirada. México: Plaza y Valdés.
Foucault, M. (2009). El orden del discurso. México: Tusquets.
León, E. (2005). Sentido ajeno, competencias ontológicas y otredad. Barcelona: Anthropos.
Lyotard, J. (1987). La condición postmoderna. Buenos Aires, Argentina: Teorema.
Paz, O. (1978). El laberinto de la soledad. México: Popular.
Warnier, J. (2002). La mundialización de la cultura. España: Gedisa.